Intolerancia a la lactosa

Se calcula que un 15% de los españoles son intolerantes a la lactosa, aunque muchos de ellos llegan a la edad adulta sin ser diagnosticados como tal.

La lactosa es un azúcar compuesto que encontramos en la leche y sus derivados. Cuando es ingerida, se asimila en el intestino delgado gracias a la lactasa, una enzima digestiva, que transforma la lactosa en dos azúcares simples que sí que se pueden absorber.

 

Las personas intolerantes a la lactosa carecen o poseen bajas cantidades de lactasa, por lo que la lactosa traviesa el intestino delgado sin ser digerido y su presencia puede provocar problemas gastrointestinales. Los bebés y los niños poseen una cantidad importante de lactasa, que les permite absorber la leche materna que contiene mucha lactosa, razón por la que la intolerancia es menos frecuente.

Estos problemas gastrointestinales pueden ir desde gases o dolores abdominales hasta diarreas y náuseas, o incluso deshidratación en los casos más graves.

Cada uno de nosotros puede valorar su tolerancia a la lactosa observando los síntomas que aparecen después de ingerir un vaso de leche en ayunas. Aún así, el médico deberá hacer un diagnóstico definitivo a partir de unos test específicos.

La intolerancia a la lactosa no tiene la misma prevalencia en todo el mundo. Mientras que sólo un 1% de suecos la padecen, un 98% de los tailandeses son afectados por ésta enfermedad. Esto se debe a una adaptación genética que hace que ésta enfermedad sea menos frecuente en aquellas poblaciones en las que desde siempre se ha consumido más leche y derivados lácteos.

El tratamiento pasa por no consumir alimentos que contienen lactosa, aunque no es tan fácil como parece. La lactosa no sólo se encuentra en la leche y los derivados lácteos como yogures y quesos, sino también en embutidos, carnes procesadas, pan de molde, cereales y otros. Por ésta razón hay que prestar mucha atención a las etiquetas, sobre todo si se es intolerante estricto a la lactosa, aunque hoy en día existen muchas opciones como la leche sin lactosa o los derivados de leche también sin lactosa.

Las mejores fuentes de vitamina C

La vitamina C está naturalmente presente en la alimentación si ésta es suficientemente rica en fruta y verdura fresca. Los alimentos más ricos en esta vitamina son:

-          La fruta fresca, sobretodo los cítricos como la naranja y el limón, aunque también el kiwi y el mango y los frutos rojos como la cereza acerola, la fresa, la frambuesa y el arándano. Entre estos frutos los más ricos en vitamina C son el kiwi y la cereza acerola.

-          Las verduras como las espinacas, el tomate, el pimiento rojo y el verde, los espárragos y las coles.

-          Los granos de cereal, únicamente cuando estos están germinados

Las pérdidas debido a la cocción son importantes ya que la vitamina C, por el hecho de ser hidrosoluble, se diluye en el agua de cocción. Es por eso que es recomendable cocer la verdura al vapor y utilizar el agua de cocción para elaborar caldo. Aún así, la cantidad necesaria de vitamina C adquirida a través de la dieta es suficiente aunque los alimentos sean cocinados.

Además, ésta se ve alterada cuando los productos se cortan y están expuestos al aire, por lo que se recomienda reducir el tiempo de estocaje de fruta y verdura así como pelarla lo menos posible.

Los aportes diarios recomendados de vitamina C son entre 60 y 90mg para un adulto, aunque éstas necesidades se pueden ver aumentadas a 1g en deportistas, en caso de fatiga física o intelectual pero también en período de bajada de temperaturas a modo preventivo.

El déficit importante en vitamina C (menos de 10mg por día) se traduce en el escorbute, una enfermedad rara en los países Occidentales. Además, las carencias importantes se manifestan en astenias, dolores de cabeza, dolores óseos, anémias y una suceptibilidad importante a las infecciones.

El colesterol

La tasa de mortalidad en España por enfermedades cardiovasculares ha bajado de un 33% a un 31%, según los últimos datos disponibles del Instituto Nacional de Estadística, y en ellas, la alimentación juega un papel muy importante.

Entre las causas más comunes de problemas cardiovasculares se encuentra la ateroesclerosis, una enfermedad degenerativa que afecta las arterias disminuyendo su elasticidad, endureciéndolas y que puede llegar a bloquearlas. Está científicamente demostrado que un exceso de colesterol en sangre es el principal causante de ésta ateroesclerosis arterial.

Es pues importante conocer el rol del colesterol en nuestro organismo así como la diferencia entre el colesterol llamado “bueno” y el colesterol “malo”. En efecto, no se trata de dos moléculas diferentes, sino de dos formas por las cuales el colesterol es transportado en la sangre, el conjunto de las cuales forma el colesterol total:

-          Las LDL transportan el colesterol a los tejidos, pudiendo depositarlo durante su paso por las arterias y formando poco a poco placas de grasa llamadas ateromas, por eso se habla de colesterol “malo”.

-          Las HDL recuperan el colesterol sobrante de los órganos y lo transportan al hígado desde donde es eliminado. Durante su paso por las arterias se llevan los depósitos de grasa acumulados y reducen así el riesgo de aparición de placa de ateroma, por eso se le llama colesterol “bueno”.

Para conocer la cantidades colesterol HDL y LDL en sangre y valorar el equilibrio entre estas dos moléculas, es importante hacer un análisis de sangre que podrá también determinar la cantidad global de lípidos.

En posteriores posts iremos ampliando ésta información y os daremos consejos sobre la prevención y el tratamiento de ésta patología.